Bodas íntimas, retratos editoriales y marca personal. Cada encargo se piensa como un rollo de 36 fotogramas: pocas imágenes, todas con intención — nunca miles de disparos sin dirección.
Empecé revelando rollos en un cuarto oscuro prestado en Chapinero. Esa disciplina —pocos fotogramas, cada uno pagado con tiempo y químicos— sigue marcando cómo trabajo hoy, incluso en digital: composición resuelta antes de disparar, no arreglada después en edición.
El resultado es un archivo curado, no una carpeta de mil imágenes casi iguales para que el cliente elija. Menos fotos. Todas verdaderas.
Cobertura completa del día, editada como un relato — no un álbum genérico de momentos sueltos.
Sesiones de estudio o locación con dirección de arte, para quien quiere verse como se siente.
Banco de imágenes para profesionales y creadores: LinkedIn, prensa, redes, sitio web.
Lanzamientos, conferencias y retratos de equipo, entregados el mismo día del evento.
Pasa el cursor sobre cada fotograma. Así se ve un archivo antes de la selección final: todo en contacto, nada descartado sin mirar.
Una llamada corta para entender la historia que quieres contar y el uso final de las fotos.
Defino locaciones, luz y momentos clave antes del día de la sesión — nada se improvisa por completo.
Disparo con intención: menos tomas, más presencia. Sin cientos de repeticiones de la misma pose.
Recibes el archivo curado en 72 horas, con hasta 3 rondas de ajuste incluidas.
Llegamos pensando en mil fotos y salimos con treinta que de verdad contaban nuestra boda.
Las fotos de marca personal cambiaron cómo me perciben mis clientes desde el primer contacto.
Dirección de arte real, no solo alguien detrás de una cámara. Se nota en cada entrega.
Aceptando proyectos continuamente — respondemos por WhatsApp en menos de 24 horas.
Trabajemos juntos